Acerca de la compasión

Reconoce el milagro de tu Ser, tu estar aquí, en el mundo, en este momento, ¿no es algo maravilloso? Cuando somos conscientes de esta verdad empezamos a ser sabios, empezamos a saber que nuestra existencia no depende de nosotros sino de la vida, de lo Existente. Reconocer nuestro valor como entes conscientes es tomar sentido de la conciencia del mundo, aquella que nos rige y da sentido a nuestros actos.
 
“Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Sólo cuando somos capaces de amarnos a nosotros mismos comprendemos el amor hacia todo lo viviente. Compasión es estar con el otro, compartir sus penas, sus ansiedades, sus miedos y tratar de calmar su sed. Aliviar su desasosiego. Sólo una mente serena, invadida de amor, puede hacerlo visible, con su solo acto de presencia, en el prójimo. Sólo curándote a ti mismo, siendo el médico de tu Ser, podrás curar al otro.
 
No hay que quererse a uno por encima de los demás sino de la misma forma. El sufrimiento es un estado que a todos acontece y que todos buscamos disipar. Ser compasivos significa reconocer la verdad del sufrimiento y comprender que en la hermandad colectiva se puede disipar mejor que en el aislamiento egotista.
 
El poeta William Blake lo expresó bellamente: “¿Puedo ver una pena y no penar con ella? ¿Puedo ver una congoja amarga y no tener deseos de aliviarla?”. La compasión es quitarnos de los ojos la venda del Ego. Siendo en el otro somos más nosotros, nos acercamos más profundamente al proyecto universal del Amor, que es el proyecto divino.
 
Esta es sin duda la noble tarea del bodhisattva, la tarea de Avalokiteshvara, tu tarea. La compasión es un sentimiento, y como tal, una verdad de nuestro cuerpo que nace en el corazón, en la bondad intrínseca que todos llevamos dentro. “El rocío de la compasión es una lágrima”, afirmó Lord Byron. La expresión de la compasión también es un abrazo, un poema entregado, una comprensión sincera y activa de la realidad vital del otro.
 
Prestarse a los demás, con absoluta transparencia, es darse así mismo. Amar al otro, a pesar de cualquier obstáculo –ético, moral, ideológico, etc.- es empezar a amarte a ti mismo. Como dijo Lula Prennushi: “En el momento de morir sólo te llevas lo que has dado”.
 
compasión

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