Arcanos mayores del Tarot Etteilla: Descripción de los arcanos mayores

El loco

Un juglar vestido con ropas variopintas camina llevando un hatillo sobre el hombro izquierdo. En la mano derecha sostiene una maza cubierta por una especie de títere que es la imagen del Loco; mientras tanto, un lince, que simboliza los instintos que someten a la razón, le muerde una pantorrilla. Esta figura es una variante de la original de Etteilla, en la que la locura humana se representaba con la figura de un hombre triste, en pie junto a una casa derruida y agredido por un felino. Sin embargo, el significado de la carta es el mismo.

 

El Mago

Esta carta en una tirada de Tarot de Etteilla, representa al consultante, en esta se refleja un Sol entre las nubes que se refiere al ser que lucha, al hombre encargado de sus obligaciones, el que tiene que seguir adelante.

 
 

La sacerdotisa

La sacerdotisa es < > que espera la unión mística. Su morada es el jardín de las granadas, en la región superior del EdénUna maga joven se yergue en el interior del círculo mágico, sobre cuya circunferencia se encuentran diversos instrumentos nigrománticos, como la clepsidra, la calavera y el cáliz para el ofertorio. Estos símbolos de las fuerzas espirituales y elementales de la naturaleza se relacionan con concepciones ocultistas características del siglo XVIII, impuestas por quienes revisaron la baraja de Etteilla. En la versión original de esta carta (que su autor marcó con el nº 8) aparecía Eva rodeada por una espiral de energía, símbolo del Paraíso.

 

Tarot Etteilla: La Emperatriz

El esoterista francés transformó por completo esta carta, le otorgó el número 6 y la llamó “cielo”. Representa la separación de la luz y las tinieblas realizada por Dios en el primer día de la Creación tal como se lee en el libro del Génesis, cuando la esfera celeste se divide entre las aguas superiores y las inferiores. Desde el punto de vista adivinatorio, el “cielo” representa revelación de los secretos, el nacimiento de las pasiones amorosas, el encuentro con la verdad y el éxito en las iniciativas personales.

 

El Emperador

Una amenazadora serpiente aparece cerca de un mar sobre el que nada un gran pez. En la costa se ven conchas, corales y peces muertos. Surcan los cielos aves de todas clases y tamaños. Etteilla sigue con sus referencias al Génesis y describe aquí el momento en el que dijo el Creador: “Produzcan las aguas reptiles animados que viven en el agua, y aves que vuelen sobre la tierra debajo del firmamento del cielo”. La serpiente es el adversario de Dios, el enemigo presente desde el inicio del mundo, del que hay que defenderse incesantemente.

 

El Papa

El Gran Sacerdote de la religión egipcia aparece en este arcano dibujado de pie, con una expresión muy seria y vestido con gran sencillez. Sostiene con la mano izquierda el bastón de mando, una vara sobre la que se encuentra el globo que representa al Universo. En la primera versión de la baraja, esta carta, a la que Etteilla dio el número 1, representaba el Caos del que se originó el mundo. Etteilla llamó a este arcano “El Consultante”, para subrayar su papel de mediador entre los dioses y los hombres, y su sabiduría, moralidad y talento creativo.

 

Unión/Los Enamorados

Un noble egipcio ofrece un objeto a una mujer mientras un sacerdote, revestido con las vestimentas sagradas, lee las fórmulas rituales. Es evidente que se trata de un matrimonio, al cual Etteilla atribuía un significado alquimístico: la unión de la polaridad masculina con la femenina marca el retorno a la androginia primitiva, según una interpretación herética del Génesis bíblico (1:27): “Dios creó el hombre a su semejanza (…) macho y hembra lo creó.”. En la secuencia establecida por Etteilla, esta sigue a las cuatro virtudes.

 

Discordia/ El Carro

En esta carta, el esoterista del siglo XVIII quiso representar a Roboam, quien, como se narra en el libro primero de los Reyes, provocó la división del reino de Israel y subió al trono de Judá, reinando sobre las tribus meridionales. La figura, que Etteilla identificó con el nº 21, fue posteriormente modificada para dar al guerrero la figura de Julio César triunfante. En ambos casos la carta significa disputas, guerras y conflictos, pero también la capacidad para alcanzar la independencia gracias al valor, la inteligencia y el esfuerzo físico y moral.

 

Legislador/ La Justicia

Esta carta fue colocada por Etteilla en el número 9 de su Libro de Thot. En su primera versión, la balanza tenía en uno de sus brazos una piedrecilla que equilibraba un gran peso. En las barajas posteriores la balanza recuperó su forma normal, y el personaje fue interpretado como el rey Salomón, famoso por el espíritu de justicia con el que Dios le dotó y que demostró por primer vez en el célebre episodio del recién nacido y las dos prostitutas, del que Etteilla ha recogido el símbolo de la espada (Reyes, 3,24).

 

Traidor / El Ermitaño

El símbolo de la lámpara en lugar del reloj de arena fue introducido en esta carta a finales del siglo XV. A partir de entonces, el “padre tiempo” se convierte en el “El Ermitaño”, en alusión a una de las anécdotas que se cuentan del filósofo griego Diógenes, del que se decía que solía pasearse buscando un hombre verdaderamente sabio mientras iluminaba sus pasos con una lámpara. Etteilla copió esta última figura, pero le atribuyó un significado y un número distintos, ya que afirmó que era la imagen de Judas y la llamó “El Traidor” (nº 18).

 

Fortuna/Incremento/ La Rueda de la Fortuna

La versión del siglo XVIII de esta carta en el Libro de Thot de Etteilla era una modificación del arcano X del Tarot de Marsella. Un mono sentado sobre la rama de un árbol llevaba una corana sobre la cabeza y una larga vara en la mano izquierda, y dirigía el movimiento de una rueda a la que estaban agarrados un hombre semidesnudo y un conejo. Pronto esta imagen se modificó parcialmente, pero se mantuvo inalterada tanto la numeración, el 20, como el significado “transformaciones imprevistas”.

 

Fuerza / soberano/ La Fuerza

En la primera versión del Libro de Thot de Etteilla, esta carta mostraba una mujer cubierta con una corona y sentada en un trono de madera (aunque algunos veían representado al Rey David); junto a ella, un manso león apoyaba la cabeza sobre sus rodillas, al tiempo que ella le acariciaba. Sin embargo, en la nueva versión el león aparece postrado a los pies de la mujer, que apoya la mano derecha sobre una gruesa porra. El significado de ambas imágenes es parecido, pero no idéntico, ya que en el segundo caso la fuerza es más material que moral.

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