¿De dónde procede el Tarot? 2ª parte

Muchos grupos étnicos y religiosos y sociedades secretas se han reivindicado la paternidad del tarot: gitanos, judíos, masones, rosacruces, sofistas, etc. Y para atribuirse esa paternidad hablan de las influencias que presenta el Tarot: de los evangelios, del relato del Apocalipsis enseñanzas tanticas, del “I Ching” o del calendario solar azteca, entre otras.
Algunos ven en el Tarot una obra de alquimia, cabalística, astrológica, etc. Cada sociedad, cada nudo esotérico, cada rama de la magia, cada iniciado, cada nacionalidad, cada artista siente la necesidad de ser el padre del verdadero Tarot.
 
De este enmarañamiento de interpretaciones de esta superposición de dogmatismo y de sistemas surge el Tarot de Marsella, definido en estos términos por el ocultista Eliphas Levy: “Es una obra monumental y singular, simple y fuerte como la arquitectura de las pirámides, durable en consecuencia como ellas; libro que resume toda la ciencia y donde todas las combinaciones infinitas pueden resolver todos los problemas; libro que habla haciendo pensar; inspirador y regulador de todas las concepciones posibles: la obra maestra quizás del espíritu humano, y absolutamente una de las cosas más bellas que nos han dejado la antigüedad; clavícula universal, verdadera máquina filosófica impide al espíritu de extraviarse, dejando su iniciativa y su libertad, son las matemáticas aplicada al absoluto, es la alianza del positivo al ideal, es una lotería de pensamientos todos vigorosamente rigurosos como los números, es enfin quizás lo que el genio humano nunca ha concebido a la vez simple y el más grande” (“Dogma y ritual de la alta magia”, 1854.)
 
Aunque los primeros naipes quizás se originaron en China y Corea alrededor de los siglos X o XI, si poseían imágenes de Tarot o no es mera conjetura. El simbolismo del Tarot probablemente es una mezcla de diferentes fuentes culturales. Otra complicación es que gran parte del simbolismo ha cambiado a través de los siglos debido a la transformación iconográfica, proceso mediante el cual los símbolos son alterados sutilmente y reinterpretados por una serie de artistas. Por ejemplo, la carta del Ermitaño alguna vez fue el Tiempo, un anciano con un reloj de arena.
 
La Fortaleza solía ser la representación de un hombre balanceando un garrote hacia un león agachado. La Estrella alguna vez caracterizó a una mujer cerca un precipicio, agarrando con su mano izquierda una estrella de ocho puntas. Sin duda estas imágenes tempranas evolucionaron de otras aún más antiguas. Estudiar el simbolismo actual del Tarot podría ofrecer pistas sobre su forma original, pero la forma misma probablemente esté fuera de nuestro alcance.
 
El Tarot más antiguo que se conserva es el Tarot Visconti-Sforza, pintado a mano a mediados del siglo XV.
 
Pudo haber sido creado como regalo para conmemorar la boda políticamente conveniente de Bianca Maria Visconti, hija del despiadado Filippo Maria Visconti, Duque de Milán, con el condotiero Francesco Sforza en 1441. Existen once versiones incompletas de la baraja; la más grande, la versión reimpresa de Pierpont Morgan-Bérgamo, contiene 74 tarjetas. Ni las cartas de triunfo ni las de figura contienen números o títulos. Nadie sabe con certeza cuál versión es la más antigua.
 
Insignias heráldicas de ambas familias aparecen en muchas de las cartas. Según Stuart Kaplan, el pájaro que irradia líneas rectas mientras revolotea sobre un nido, el sol con rayos rectos y curvos mezclados, la corona perfilada con bordes de frondas, el águila negra (encontrada sobre un escudo), y el mote de la carta son emblemas de Visconti; los emblemas de Sforza incluyen un león, tres anillos entrelazados, y una enorme fuente hexagonal. El libro de Kaplan, La Enciclopedia de Tarot, contiene magníficas ilustraciones de estas insignias y de diversas cartas de esta antigua baraja.
 
El Tarot de Marsella es otra de las primeras barajas. Probablemente está basado en ciertos grabados en madera. A diferencia de muchas barajas modernas, su Arcano Menor, con la excepción de la cartas de figura (“court cards” en inglés, de “corte,” refiriéndose a las túnicas reales), no posee escenas o figuras. Originalmente, sólo las cartas de los Arcanos Mayores mostraban ilustraciones detalladas.
 
El Arcano Menor de muchas de las primeras barajas muestran Espadas de cuchillas curvas y Bastos gruesos, Monedas de oro y Copas masivas, pero ningún paisaje. Existe un manuscrito del siglo XV del sermón de un sacerdote contra los juegos de azar. Discute los “triumphi” (término en latín) y las cartas de juego de cuatro palos. También hace referencia a los triunfos y arcanos menores como entidades separadas. Éste es un trozo de evidencia que apoya la teoría popular de que los arcanos mayores y menores evolucionaron de manera independiente. Hacia finales del siglo XV existían barajas de Tarot por toda Europa.
Un autor llamado Covelluzo escribió en 1480 que las cartas de juego llegaron a Italia en 1379 desde Africa del Norte, quizás traídas por los árabes, pero nadie sabe si éstas incluían al Tarot. Antes de 1750, la mayoría de las barajas de Tarot conocidas, si no es que todas, portaban marcas italianas. Esto, por supuesto, sugiere un origen italiano. Los nombres franceses con marcas italianas vinieron después.
 
Los grabados en madera alemanes y el renacimiento francés del ocultismo en el siglo XVIII ayudaron a diseminar el Tarot por todo el mundo. Los gitanos y el interés del occidental moderno por lo oculto incrementaron aún más su popularidad. Hoy en día, las barajas de Tarot se venden en la mayoría de las ciudades más grandes en el mundo.

 

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