El Taoísmo

El Taoísmo se creó hace unos 2500 años en China. Fue fundada por Lao-Tzu. Su texto principal es el Tao te Ching o el “Libro de la razón y la virtud”. También son una referencia importante las escrituras sagradas de Chuang-tsu. El Taoísmo se centra en el nivel espiritual del ser. El Tao-te-Ching compara al hombre “realizado” con el bambú; recto, simple y útil en el exterior y hueco en el interior. El espíritu del Tao se basa en la vacuidad, pero no existen palabras para describir su espontaneidad y eterna novedad. Los fieles de esta creencia, son adiestrados para buscar el Tao en todas partes y todos los seres.

El objetivo fundamental de los taoístas es alcanzar la inmortalidad, si bien, a veces no se entiende esta literalmente, sino como longevidad en plenitud. Lao- Tzu  fue deificado como dios taoísta, encabezando un panteón de héroes folclóricos, generales famosos y sabios, todos los cuales alcanzaron la inmortalidad. Sin embargo, la antigua forma del taoísmo era la de una corriente filosófica y no una religión, por lo que los antiguos pensadores interpretaban por «inmortalidad» con el hecho de autosuperación del propio ser en comunidad con el entorno, lo que implica buscar la superación y el progreso personal y colectivo, de acuerdo con la mutación constante que enseña el taoísmo.

El Taoísmo establece la existencia de tres fuerzas: una pasiva, otra activa y una tercera, conciliadora. Las dos primeras se oponen y complementan simultáneamente entre sí, es decir que son interdependientes de manera absoluta y funcionan como una unidad. Son el yin (fuerza pasiva/sutil, femenina, húmeda…) y el yang (fuerza activa/concreta, masculina, seca…). La tercera fuerza es el tao, o fuerza superior que las contiene. El taoísmo es una filosofía en la que la energía femenina tiene gran relevancia a diferencia de occidente en el cual predominó lo masculino.

La sexualidad es de gran importancia dentro del Taoísmo ya que se entiende que su “correcta” practica ayuda a preservar e incrementar la energía vital, incrementada a través del control de la eyaculación y la inyaculación, y por lo tanto acerca al hombre a su inmortalidad.  Los puntos más importantes en los que el Tao del sexo y del amor difieren de la sexualidad occidental son la regulación de la eyaculación, la satisfacción plena de la mujer y la diferencia entre orgasmo masculino y eyaculación. La base del pensamiento taoísta es que el Qi es una parte de todo lo que existe. Está relacionado con otra sustancia energética encontrada en el cuerpo humano conocida como ying, la cual, una vez utilizada de manera completa, conllevara la muerte.  El ying puede perderse de varias maneras, principalmente a través de los fluidos corporales. Los taoístas ponían en práctica varios métodos para estimular, incrementar y conservar sus fluidos corporales, llegando hasta el punto de, algunos de ellos, reciclar sus heces. El fluido que contenía una mayor proporción de ying es el semen del hombre, por lo tanto, los taoístas creían que el hombre debía reducir la frecuencia con la que eyaculaba hasta ciertos mínimos, o incluso evitar la misma como manera de preservar y alargar la vida.

Dado que un gran número de taoístas relacionan la perdida de semen con la pérdida de fuerza vital, donde una perdida excesiva de fluido conlleva un envejecimiento prematuro, enfermedades y fatiga general, unos argumentan que nunca se debería eyacular, mientras que otros proveen una serie de formulas especificas para determinar la cantidad máxima de eyaculaciones para conservar la salud. La idea general es limitar la perdida de fluidos tanto como se pueda con respecto a las relaciones que se mantengan. A medida que estas prácticas sexuales fueron transmitiéndose generación tras generación, se fue perdiendo la importancia del número de eyaculaciones. No obstante, la retención de semen es uno de los pilares de la práctica sexual Taoísta. Para los taoístas el intercambio de fluidos vitales eran de gran importancia porque los consideraban fuente de energía y componentes mágico espirituales que ayudaban en la alquimia interior.  Quien conoce el Tao se percata de todo esto, pero no se deja arrebatar por la pasión. La pareja aparentemente está absorbida por la lujuria, por una pasión abrasadora, pero no es la pasión del hombre común, es la pasión divina.

El intercambio energético constituye uno de los secretos del manejo de la energía sexual, es lograr la fusión de las almas en estos tres centros, como si al unirse se complementaran perfectamente como el símbolo del Tao, entrelazados en un abrazo sin fin. Para el Tao, las distintas posturas sexuales permiten curar todo tipo de dolencias como la debilidad de huesos y articulaciones, las alteraciones de la presión sanguínea, problemas circulatorios e incluso la falta de regularidad en la menstruación femenina.

 

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