El yin y el yang

Estas dos fuerzas simbolizan -para la cultura oriental- el principio de la dualidad, presente en todos los elementos de la naturaleza.

 

La armonía surge del equilibrio de estas dos fuerzas que se oponen y se complementan.

 

Es importante que tengamos en cuenta que cuando hablamos de equilibrio no decimos que debe haber igual cantidad de una fuerza como de la otra, sino de armonía energética. 

Un elemento puede tener mayor cantidad de fuerza yin o yang, pero se equilibra con otro que le da lo que compensa esa carencia.

 

Para los chinos, el yin es la fuerza que representa la oscuridad, la pasividad, la quietud; y por otro lado, el yang representa la claridad (luminosidad), la actividad y el movimiento.

 

El yin se relaciona con lo femenino, y su opues­to, el yang, con lo masculino.

 

En la esfera celeste, la Luna se relaciona con el yin y el Sol, con el yang.

 

En el cuadro de la página siguiente podemos ver la comparación ente estas dos fuerzas opuestas y complementarias.

 

YIN YANG
Femenino Masculino
Día Noche
Oscuro Claro
Pasivo Activo
Quietud Movimiento
Paz Guerra
Madre Padre

 

En el equilibrio y la perfección de la naturaleza, a cada fuerza le corresponde otra opuesta que la complementa.

 

EL EQUILIBRIO DEL YIN Y EL YANG EN LA PAREJA:

 

Para las tradiciones basadas en esta concepción, el equilibrio en una pareja se alcanza cuando en cada individuo se ha logrado contrarrestar los elementos yin y yang, que de este modo se ponen al servicio de la felicidad de la pareja y de cada uno de sus integrantes.

 

Para que esto sea posible, en la mujer deben desarrollarse y acrecentarse los elementos yin y, por otro lado, suavizarse o reencauzarse los elementos yang. En el hombre debe suceder lo opuesto; y en ambas partes debe darse la complementariedad que lleve al equilibrio.

 

De esta forma, la armonía de las fuerzas que cada uno pone en la pareja hacen a la felicidad y la plenitud de vida de sus integrantes.

 

EL EQUILIBRIO Y LA COMPLEMENTA­RIEDAD DE LAS FUERZAS OPUESTAS

Ya hemos visto que en la naturaleza toda fuerza tiene su opuesta, y que ambas se complementan y se equilibran mutuamente.

 

Cuando estos principios básicos se aplican al ar­te del Feng Shui, se dice que la armonía en un ho­gar o en un ambiente de trabajo es la resultante del equilibrio perfecto de todas las fuerzas de la natura­leza (no olvidemos que una de las formas de definir a esta disciplina milenaria es “el arte que permite que el hombre pueda vivir en armonía con la natu­raleza y con sus semejantes”).

 

Para que se logre el equilibrio es necesario que ambas fuerzas habiten el hogar, pues así como el exceso de una fuerza rompe la armonía, también lo hace su ausencia.

 

Los elementos yin son tan importantes como los elementos yang, y viceversa.

 

Tal como el Chi propicia la vida, la buena salud, la felicidad, la prosperidad y la fortuna, el Sha no puede estar ausente en una casa y lo que debe hacerse para que no sea dañino es reencauzarlo, es decir, hacer que circule hacia afuera y pueda en el exterior equilibrarse con las restantes fuerzas.

 

No debemos olvidar que en la naturaleza siem­pre hay armonía y equilibrio, y que lo que rompe esa armonía y ese equilibrio es la acción equivoca­da del hombre. . . .

 

Cuando en una casa se rompen esos principios naturales se pierde el equilibrio y surgen los problemas que se intentan solucionar aplicando las reglas y las técnicas del Feng Shui.

 

Saber elegir el lugar propicio, en el momento debido; la alimentación correcta con las direcciones del Universo, combinando el uso eficiente de los objetos con la reverencia mística, es armonía…, es paz…, es Feng Shui.

 

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