La Cábala, o Kábbalah

La Cábala, o Kábbalah, está unida a la tradición metafísica occidental. Es la sabiduría secreta del pueblo de Israel: un sistema esotérico hebreo de interpretación mística de escrituras sagradas, basado en la creencia de que cada palabra, letra y número de éstas tiene un significado oculto. Aunque sus orígenes son muy antiguos no ha perdido vigencia y su práctica sigue viva hoy. La tradición esotérica está de acuerdo en que el conocimiento cabalístico fue tomado por las diversas tribus hebreas de diversas culturas, dentro de las cuales encontramos a los caldeos, fenicios, egipcios y babilonios, entre otros. Esta adquisición del conocimiento cabalístico, dado inicialmente por las Leyes de Moisés no es más que una recopilación sintética de principios morales trascendentes que llevarían al pueblo hacia estadios superiores de conciencia.

El primer diagrama o símbolo cabalístico manifiesto de enseñanza de la tradición esotérica judaica es la Menorah, el candelabro que le especificó Dios a Moisés, en el Monte Sinaí (Éxodo, 25:31-40). Hecho de una sola pieza de oro puro, para simbolizar el permanente y unificado Mundo Divino de la Emanación, se compone del eje central de la Gracia, de los brazos derecho e izquierdo, de la Misericordia y de la Severidad, de diez más una posiciones sefiróticas y veintidós decoraciones. Este objeto ritual es la forma de un esquema esotérico de la existencia, y es tanto un objeto de contemplación como de culto.
El diagrama de los Sephirot o Atributos Divinos no fue publicado por completo hasta la Edad Media. Ha habido muchas variantes; pero la versión utilizada actualmente por los esoteristas es la dada por Isaac Luria (1534- 1572). Su estructura contiene todas las leyes que rigen la existencia, ya que revela un proceso universal de interacción equilibrada entre los principios superior e inferior, activo (derecha) y pasivo (izquierda).

La Cábala se encuentra estructurada en diez esferas visibles, una invisible y veintidós senderos que unen las diez esferas visibles. La estructura de las esferas propiamente tal es lo que en rigor se denomina Cábala, las que unidas a los senderos forman lo que se denomina El Árbol de la Vida. Las esferas manifiestan estados de consciencia divina, con sus respectivos atributos y formas de expresión, que parten desde la Corona (Kether) hasta la esfera del Reino (Malkuth), pasando por diversos otros aspectos de sí mismo. En otras palabras, abarca desde el primer elemento sutil o esencial de la manifestación hasta el plano más concreto de la creación.

Por otra parte, los veintidós senderos del Árbol de la Vida representan las veintidós letras del alfabeto hebreo, que son ideogramas y como tales simbolizan diferentes aspectos del ser humano en relación con el Universo. Asimismo, los senderos representan los veintidós arcanos mayores del Tarot. Dentro de esta estructura, los arcanos mayores del Tarot simbolizan estados de consciencia en los que puede encontrarse el ser humano (microcosmos) y que posibilitan su conexión con los estados de consciencia divina o macrocósmica (las esferas). A su vez, los arcanos menores del Tarot representan situaciones específicas dentro de las cuales puede encontrarse el ser humano.

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