La Muerte

Corresponde al nº 13 de los arcanos mayores. En el tarot es el símbolo de la ley natural, sobre el mundo físico, que define un cambio para todas las culturas orientales, donde es considerada como una transición (reencarnación), más que como un final.

 
Es representada como la “Parca”, el esqueleto con túnica larga y una Hoz en su mano, con la que simbólicamente, sesga las almas para llevarlas al destino que su Karma determine. En otras barajas aparece representada con armadura, símbolo de su fortaleza, monta un caballo blanco, símbolo de su libertad y de su inesperada aparición. A su paso vemos un rey muerto y su corona en el suelo que son el significado de que las riquezas e investiduras de este mundo son efímeras, y frente a él un niño, símbolo de renacimiento, y un sacerdote, símbolo de la fe.
 n sol intenso brilla sobre el fondo de un cielo gris (tristeza, duelo), entre dos torres que señalan la entrada a otro reino (un cambio), y un arroyo donde navega un barco que  representa que el curso de la vida continúa pese a todo, y que debemos navegar en una dirección, tomar las riendas de nuestro destino. Una mujer junto al niño está a punto de desvanecerse y tuerce su rostro para no ver a la muerte, representa la debilidad humana que no quiere enfrentar las dificultades que se encaminan.
 
La muerte porta un estandarte, el símbolo esotérico de su estandarte es una rosa blanca, la naturaleza pura, sobre un fondo o campo negro, la nada. Simboliza que de la nada resurge la vida.
 
El caballo, símbolo de lo más vital dirige su altiva mirada al sacerdote como expresando su falta de fe en la religión y en las creencias espirituales, representa el instinto, la inexperiencia, la juventud atropellada.
 
Sin embargo el sacerdote eleva y sostiene sus manos que son el instrumento de su fe, y la escena queda congelada ahí. La muerte no puede seguir avanzando.
 
La Muerte llega de imprevisto y nunca hay preparación para recibirla. Se asocia también con el ocultismo y lo intangible en el mundo de lo paranormal. No es un final absoluto. Por ello es una carta rica.
 
Resulta muy temido por los consultantes cuando aparece en una tirada debido a la representación que tenemos de ella en el inconsciente colectivo.
 
Sin embargo, esta carta, al igual que la 15, El Diablo, no está significada literalmente. Ni sus posibles interpretaciones están vinculadas al significado estricto del término. Está asociada a circunstancias tensas o dificultades. Se muere para poder renacer.
 
Cuando esta carta aparece en una tirada ya debemos ir pensando en qué cosas ya han terminado un ciclo o han cumplido su cometido. Es la hora de arrancarse las máscaras detrás de las que nos hemos escondido, o de abandonar un proyecto que está por morir. En su significado más amplio este naipe nos está señalando una fuerza interior que nos impulsa a un cambio. Y ese cambio debe ser profundo.
 
En distintas culturas es enfocada como una liberación o renacimiento, siendo un verdadero ejemplo de ello, la cultura egipcia, que le brindaba un lugar preponderante en sus vidas, desde el momento que nacían, ya que consideraban que esta vida era para prepararse, para el mayor de los eventos que era la transición hacia el más allá (el libro de los muertos).
 
La carta simboliza riesgos, cambios importantes, mutaciones, dar vuelta las cosas totalmente, explicando en forma literal.
 
Así como el pago de pactos realizados, que llegan a término y que deben concluirse, si o si.
 
La imagen representada, suele aparecer con el fondo de un campo y como habíamos mencionado, la figura era un esqueleto portador de una guadaña, vestido con largas túnicas, así como en otros tipos de tarots, se representa como un caballero negro que porta una bandera y de fondo se divisa el mar o agua, con barcos (el viaje a emprender, los cambios).
 
Relaciones:
 
Su relación con la cultura egipcia, es Amón-Ra quien con la hoz cosecha el grano, dando a entender la finalización de un ciclo para dar paso a lo nuevo. También es enfocada como el “enemigo”, en Egipto.
 
En esta carta, en la que predomina el color negro de la inmanifestación, se ve un esqueleto “vivo”, que siega con una guadaña, cortando los miembros de los seres manifestados, dispersándolos. En el proceso iniciático es necesario experimentar en varios niveles la paradoja de vivir la muerte, muriendo a los aspectos inferiores y renaciendo “de arriba” a los estados superiores del ser. El adepto piensa constantemente en ella, tomando conciencia de lo ilusorio de esta vida transitoria, y sabiendo que en los misterios de la muerte están ocultos los de la inmortalidad. Ella es una aliada que nos enseña a meditar en lo metafísico y en lo trascendente; es regeneradora, y junto con la vida es nuestra verdadera iniciadora. La idea de la muerte está ligada a la de resurrección, pues siempre ocurre en un plano, terminando un ciclo y dando lugar a uno nuevo en otro nivel.
 


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