Los sueños lúcidos

sueño lucidoSon aquellos en los que la persona que sueña cobra conciencia de estar soñando y a partir de esto interactúa, hasta el punto de tener el poder de manejar las cosas a su antojo sabiendo que todo lo que percibe es parte de un sueño. Esto no solamente sucede, sino que es posible entrenarnos para lograrlo.

 

Los sueños lúcidos están muy relacionados con el sueño REM. La fase REM es más abundante justo antes de despertar. Esto significa que ocurre poco antes de que nos levantemos.

Los sueños lúcidos forman parte de una milenaria disciplina ejercitada por diversas culturas, entre ellas la egipcia y la tibetana. Debido a su naturaleza esotérica, solamente durante las últimas décadas el público general ha tenido contacto con su práctica, antes relegada a monjes y contemplativos que los usaban principalmente con fines místicos y religiosos.

 

Ya para el siglo octavo, los monjes tibetanos practicaban una forma de yoga basada en la mantención de la conciencia durante las diversas fases del sueño; a esta práctica la llamaban el yoga del sueño. Uno de sus fines era el reconocimiento de la naturaleza ilusoria de todos los fenómenos, para que las experiencias que se tienen al momento de morir no abrumen al practicante.

 

La finalidad última de la práctica era el reconocimiento de “la luz clara” durante el sueño profundo, equivalente al estado de iluminación que luego se podía alcanzar en todos los estados, la vigilia, el sueño y el sueño profundo sin contenidos.

 

La primera persona en occidente que especuló sobre la posibilidad de que los sueños lúcidos fueran una habilidad capaz de ser aprendida por cualquier persona fue el Marqués d’Hervey de Saint-Denys. En 1867 publicó su libro “Los sueños y como dirigirlos; observaciones prácticas”, en donde documentó sus propios descubrimientos y experiencias. En 1975, una serie de experimentos demostraron que era posible controlar y dirigir los sueños lúcidos.

 

Alan Worsey en Gran Bretaña y Stephen LaBerge en California, son dos investigadores que, de manera independiente, aportaron evidencia experimental sobre la existencia del sueño lúcido y aprendieron a provocar deliberadamente este fenómeno.

 

Ambos fueron capaces de comunicarse mientras dormían mediante señales previamente acordadas, tales como mover los ojos de una manera particular o respirar con mayor rapidez. Los sujetos no sólo llevaron a cabo dichas acciones sino que lo hicieron precisamente en los momentos en que el equipo electrónico señalaba que estaban soñando. De este modo demostraron que era posible actuar conscientemente mientras dormimos.

 

Los sueños lúcidos tienen diferentes estadios:

 

Estado pre-lúcido: Hay algo en el sueño que no está bien; algo le ocurre a la “realidad” pero no sabemos qué es. Estamos al borde de un sueño lúcido, pero aún no llegamos a él. Esta etapa es buena para despertar y reconocer esas cosas que debieron habernos “despertado” en el sueño.

 

Bajo nivel de lucidez: Por unos momentos nos damos cuenta de que estamos soñando, pero antes de poder disfrutar de la realización, nos sentimos “absorbidos” por algún acontecimiento en el sueño y perdemos la oportunidad. Regresamos a soñar normalmente.

 

Alto nivel de lucidez: Estamos completamente conscientes de que estamos soñando, y de que todo lo que nos rodea es parte de un sueño. Las percepciones son increíblemente claras; podemos incluso interactuar con el entorno y las personas a nuestro camino, sin perder la conciencia de que nos encontramos en un entorno onírico. Podemos alterar “mágicamente” en cierto grado nuestro entorno, y realizar cosas que en la vigilia serían imposibles, como volar.

 

Lucidez absoluta: Permanecemos conscientes en todo momento, incluso mientras nos quedamos dormidos; no hay saltos o “vacíos” en la continuidad de la conciencia. Este nivel de lucidez está asociado a casos de un control total en los sueños.

 

Quienes quieren recordar sus sueños pueden hacerlo y aquellos que, por el contrario, no desean hacerlo, no suelen recordarlos. A ciertas personas les basta simplemente con tener la intención de recordar y con ser plenamente conscientes de esta intención antes de acostarse.

 

Un modo eficaz de fortalecer esta decisión consiste en tener un diario de sueños sobre la mesa velador e ir anotando en él, apenas nos despertemos, todos los pormenores que podamos recordar de nuestro sueño. Cuantos más sueños apuntemos, más fácil nos será recordarlos.

 

Por otra parte, la lectura de este diario puede procurarnos el beneficio adicional de ayudarnos a comprender la verdadera naturaleza de nuestros sueños y contribuir, de este modo, a reconocerlos con más facilidad en el mismo momento en que están aconteciendo.

 

 

 

 

 

 

 

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