Los orígenes de la magia

La palabra «magia» deriva del sustantivo magi, que era el nombre de los sumos sacerdotes del antiguo imperio persa (el actual Irán). En el siglo VI a.C., los magi eran conocidos por su profunda sabiduría y sus dones para la profecía. Eran seguidores del líder religioso Zoroastro, interpretaban los sueños, practicaban la astrología, y aconsejaban a los gobernantes sobre importantes asuntos de estado.

Cuando el mundo griego y romano conoció a los magi, los consideró figuras tremendamente misteriosas que poseían secretos profundos y poderes sobrenaturales. No estaba claro en qué consistían esos secretos (al fin y al cabo, eran secretos), pero durante mucho tiempo, cualquier cosa que se considerara sobrenatural se achacaba a la intervención de los magi, y por eso empezó a decirse que era «magia». En realidad, a menudo se decía que el propio Zoroastro había sido el inventor de la magia.
Por supuesto, ningún individuo por sí sólo ni ninguna cultura en concreto inventó la magia. A lo largo de los siglos se han desarrollado prácticas mágicas en muchas civilizaciones, incluidas las de los antiguos persas, babilonios, egipcios, hebreos, griegos y romanos.

La tradición mágica occidental tal como la conocemos hoy día le debe mucho a la convergencia e intercambio de ideas entre miembros de culturas diferentes. Tales contactos se produjeron con frecuencia creciente a partir del siglo III a.C., cuando el general griego Alejandro Magno conquistó Siria, Babilonia, Egipto y Persia, y estableció en la ciudad de Alejandría, en Egipto, el crisol intelectual del mundo antiguo.

Magia y religión

En todas las sociedades primitivas se mezclaba la magia y la religión. Se creía que una gran variedad de dioses y espíritus menores, tanto buenos como malos, controlaban casi todos los aspectos de la vida, provocaban que saliera el sol o que lloviera, portaban prosperidad y pobreza, enfermedad y buena salud. La magia se usaba para atraer o controlar a dichos espíritus. Igual que las prácticas religiosas, las prácticas mágicas incluían rituales y ceremónias para invocar a los dioses, y se creía que los magos, igual que los sacerdotes, tenían un acceso especial a los dioses. Pero más que adorar a las deidades, lo que hacían los magos era pedirles, o incluso exigirles, favores.

A veces, los magos se limitaban a llamar a los dioses para que les ayudaran a lanzar conjuros, preparar pociones o pronunciar maldiciones. Pero muchas veces intentaban también que las deidades aparecieran «en persona». Tras ejecutar una ceremonia especial para llamar o invocar a un espíritu, el mago podía exigirle que alejara la enfermedad, o que acabara con el enemigo, o que asegurara una victoria política. Con las deidades menores lo típico era amenazarlas diciéndoles que otros espíritus más poderosos las castigarían si no se cumplían las exigencias del mago. Entonces el mago despedía a la deidad, enviándola de vuelta al mundo de los espíritus. Cientos de documentos de la Antigüedad confirman que en los primeros tiempos de Grecia y Roma era común intentar evocar a los espíritus, aunque a menudo era una actividad de lo más frustrante.

Casi todas las formas de magia antigua necesitaban del conocimiento de los nombres secretos de los dioses. Se creía que muchas deidades tenían dos grupos de nombres, los públicos y los nombres secretos que sólo conocían los estudiosos de la magia. En un cierto sentido, esos nombres secretos constituyeron las primeras palabras mágicas. Ya fueran pronunciadas de viva voz o escritas, se creía que poseían un poder inmenso, pues saber el nombre verdadero de un dios permitía al mago convocar todos los poderes que dicho dios representaba. Los sacerdotes egipcios daban a sus deidades nombres largos, complicados y a menudo impronunciables, para que los legos no pudieran recordarlos fácilmente. Se decía que Moisés separó las aguas del mar Rojo pronunciando el nombre secreto de Dios, de 72 sílabas, que sólo él conocía. Y según el escritor griego Plutarco, el nombre de la deidad guardiana de Roma se mantenía en secreto desde la fundación de la ciudad, y estaba prohibido preguntar nada acerca de ese dios, aunque sólo fuera para saber si era macho o hembra, para evitar que los enemigos de Roma descubrieran su nombre y lo usaran ara su propio beneficio.

A medida que las antiguas civilizaciones fueron entrando en contacto unas con otras, los magos de una «probaban» los nombres de los dioses de otro país. Algunos de los más antiguos rollos de pergamino que se conservan con información sobre prácticas mágicas, escritos durante los siglos III y IV, contienen listas enteras de nombres de dioses de muchas religiones, que podían luego inscribirse sobre amuletos o talismanes, o bien se incorporaban a conjuros y encantamientos. Uno de los encantamientos más famosos entre los magos griegos y egipcios del siglo iii, del que se decía que era tan potente que «el Sol y la Tierra se encogen de miedo al oírlo; los ríos, mares, pantanos y fuentes se hielan al oírlo; [y] las rocas estallan al oírlo», estaba compuesto por los nombres de cien dioses diferentes unidos en una misma palabra.

Magia natural

Durante los siglos xv y XVI, la magia disfrutó de un renovado respeto, debido al surgimiento de la magia natural, que no necesitaba de ayuda alguna por parte de demonios o seres sobrenaturales. La magia natural vino a ser una especie de ciencia en su momento, y se basaba en la creencia de que todo lo existente en la naturaleza (personas, plantas, animales, rocas y minerales) rebosa de fuerzas poderosas, pero ocultas, denominadas «virtudes ocultas». Por ejemplo, se creía que las piedras preciosas poseían el poder de curar la enfermedad, influir en el humor e incluso dar buena suerte. Las hierbas poseían virtudes ocultas que podían facilitar la curación, a veces con sólo colgarlas encima del lecho del paciente. Incluso los colores y los números tenían poderes escondidos. Es más, todos los elementos de la naturaleza estaban conectados unos a otros de forma significativa, aunque oculta también. Los magos naturales, entre los cuales también había médicos, se plantearon el reto de desvelar dichas fuerzas y conexiones, y usarlas de manera beneficiosa.

Pero llegar a ser un buen mago natural no era tarea fácil; requería investigación, estudio y observación minuciosa de la naturaleza. A veces la «virtud oculta» de una sustancia se manifestaba en su aspecto. Por ejemplo, la hierba scorpio (denominada así por su parecido con un escorpión) demostró ser un remedio eficaz contra las mordeduras de serpiente. Y se creía que las plantas que se parecen a determinados animales compartían cualidades similares. Pero para el dominio de la magia natural era especialmente importante el estudio de la astrología, dado que se pensaba que muchas de las relaciones y propiedades ocultas en la naturaleza emanaban directamente de los planetas y las estrellas. La esmeralda, el cobre y el color verde, por ejemplo, compartían una serie de cualidades derivadas del planeta Venus. Sabiendo esto, el mago natural era capaz de usar dichos elementos en combinación, cuando se proponía afectar las áreas de la vida «gobernadas» por Venus, como la salud, la belleza y el amor. Se podía conseguir el efecto opuesto usando plomo, ónix y el color negro, ya que ios gobernaba Saturno y se asociaban con la muerte y el abatimiento.

Además, el practicante tenía que tener conocimientos amplios sobre anatomía y herbología, ya que uno de los objetivos más importantes de la magia natural era el de curar enfermedades, y una dolencia causada por la influencia de un planeta podía llegar a curarse con una hierba que estuviera regida por ese mismo planeta o, en algunos casos, por su contrario. El mago natural era una especie de brujo del mundo natural y un maestro de las combinaciones; mezclaba, emparejaba y explotaba las propiedades ocultas de la naturaleza para lograr resultados milagrosos y beneficiosos.
Si en los siglos IX y X, una persona respetable habría evitado cualquier contacto con la magia, durante el Renacimiento la magia natural era considerada un campo apropiado para el estudio por parte de intelectuales, médicos, religiosos y cualquiera que tuviera curiosidad científica.

La magia hoy

La creencia en la magia empezó a declinar hacia mediados del siglo XVII, cuando la gente empezó a descubrir métodos más prácticos y eficaces para resolver problemas. La química moderna condujo a la elaboración de nuevos medicamentos que reemplazaron las curas realizadas según los principios de la herbología, la astrología y la magia natural. Con el surgimiento del pensamiento científico, las ideas sobre cómo funcionaba el mundo fueron sometidas a experimentación, y el poder de la magia, los conjuros, los amuletos y los talismanes fueron cuestionándose cada vez más.

Hoy, la idea de obtener poderes extraordinarios recurriendo a los espíritus ha desaparecido en la mayor parte del mundo. Pero resulta cierto también que el mundo actual es más mágico que nunca. Cosas que en tiempos se consideraron imposibles, como volar o hablar con alguien desde la otra punta del planeta, son hoy actos corrientes. La ciencia moderna ha logrado los objetivos de la magia natural: descubrir y usar los poderes ocultos de la naturaleza. Y, si bien se han rebatido los principios de la astrología, resulta que, irónicamente, todas las virtudes ocultas de la naturaleza sí que proceden de las estrellas, ya que ahora sabemos que todos los elementos del mundo natural, incluidos nosotros mismos, tienen su origen en los materiales liberados por la explosión de soles. Así, igual que para los antiguos, el universo sigue siendo para nosotros un lugar asombroso, lleno de maravillas, posibilidades imposibles y magia.

Tanto en forma de literatura como en las representaciones teatrales, la magia confirma nuestra intuición de que existe «otra realidad». Aunque la magia quizá ya no tenga sentido para nuestras mentes lógicas, sí encaja con nuestra parte creativa e intuitiva, que opera en la mente según una serie de reglas diferentes. El atractivo de la magia parece no tener nada que ver con si es algo «real» o no. La magia procede de la imaginación y la alimenta a su vez. Y a nosotros nos parece que eso siempre será así.

Qué es la magia

Básicamente podemos definir a este antiguo arte como un conjunto de teorías místicas y prácticas rituales que sólo adquieren sentido a la luz de una cosmovisión que postula otra idea e imagen del mundo y del ser humano.
El primer postulado del pensamiento mágico sostiene qu el mundo es una unidad viviente e interconectada, articulado en distintos niveles que configuran una jerarquía de planos cómicos. Básicamente, este es el mismo principio que postula el holismo científico del siglo XX.

El origen de este concepto del mundo, se remonta a los textos herméticos de la fase tardía del Imperio Romano en lo que se refiere a la magia occidental, los textos proveniente de los primeros siglos de nuestra era, recopilados en obras como el Corpus Hermeticum, constituyen la piedra angular de la cosmovisión mágica occidental, eriquecida con un sincretismo que también recogió el legado de la Cábala hebraica, la Gnosis judía, la teúrgia egipcia y la filosofía dualista de Platón, sobre todo a través de los neoplatónicos, como Proclo, Arístarco de Atenas y Jamblico, que mostraron en sus escritos el respeto y la credulidad que les merecía la teúrgia egipcia y sus fórmulas mágicas, posteriormente se integraron en este sistema sincrético la alquimia europea, la Gnosis, el misticismo cristiano de los primeros siglos de nuestra era y el sincretismo entre la cultura pagana europea autóctona y el cristianismo herético medieval; pasando a formar una parte fundamental de la cultura hermética.


Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.