Michel de Nostradamus

NOSTRADAMUS

Michel de Nôtre-Dame, conocido como Michel de Nostradamus nació en Saint Remy de Provence, en Francia, en el año 1503, fue un médico, astrólogo y adivino, de familia judía conversa, donde había varios médicos. Sin embargo, las profecías de Nostradamus, son su mayor logro.

Desde muy joven aprendió a manejar el astrolabio, a conocer las estrellas y a describir el destino de los hombres en sus aparentemente caprichosas conjunciones. En Avignon y Montpellier estudió letras, además de medicina y filosofía, asombrando a compañeros y profesores por sus raras facultades y su infalible memoria. Tenía veintidós años cuando, durante una epidemia de peste que asoló la ciudad de Montpellier, inventó unos polvos preventivos que tuvieron mucho éxito.

Su espíritu inquieto y errabundo le llevó a recorrer Francia e Italia, donde tuvo lugar una ya famosa anécdota: en Génova, paseando con otros viajeros, encontró a un humilde monje franciscano, antiguo porquerizo, llamado Felice Peretti. Nostradamus se arrodilló ante él, en medio del estupor de quienes presenciaban la escena. “No hago otra cosa que rendir el debido respeto a Su Santidad”, dijo con sencillez el adivino; en 1585, Peretti subiría al trono pontificio con el nombre de Sixto V.

Convertido en boticario y perfumista, se instaló en Marsella y dedicó su ingenio a la elaboración de elixires, perfumes y filtros de amor. Fue en esos días de 1546 cuando tuvo lugar un acontecimiento que llevaría a Nostradamus a los umbrales de la fama: la terrible epidemia llamada del “carbón provenzal”. Aix-en-Provence fue el centro de la plaga. Los afectados por ella se volvían negros como el carbón antes de morir atacados por tremendos dolores, de ahí el nombre que se le asignó con ironía no exenta de crueldad.

Nostradamus inventó un mejunje compuesto de resina de ciprés, ámbar gris y zumo de pétalos de rosa que habían de recogerse en cestos cada madrugada. El fármaco, inexplicablemente, consiguió cortar el contagio y revistió a su creador de honores y prestigio, hasta el punto de ser requerida su presencia en Lyon cuando allí se declaró un nuevo brote de peste.

Al año siguiente, Nostradamus se instaló en la villa de Salon, que entonces se llamaba Salon-de-Crau. En una casa de modesta apariencia abrió su consulta y se dedicó a atender a una nutrida clientela, ansiosa de adquirir sus aceites, pócimas y bebedizos contra todo tipo de males. En esa época elaboró una de sus más apreciadas mixturas, capaz de curar la esterilidad. La fórmula se componía de los siguientes ingredientes: orina de cordero, sangre de liebre, pata izquierda de comadreja sumergida en vinagre fuerte, cuerno de ciervo pulverizado, estiércol de vaca y leche de burra.

Al parecer, Nostradamus empleó este remedio para poner fin a los desvelos de la florentina Catalina de Médicis, nieta del papa Clemente VII, hija de Lorenzo de Médicis y esposa del rey de Francia Enrique II. Catalina. que era tan inteligente como víctima de las supersticiones, se rodeaba de una nube de adivinos, nigromantes y astrólogos, y encontró en Nostradamus el crédulo sosiego que necesitaba. Había permanecido once años sin hijos y sufría viendo a su regio marido rodeado de amantes.

Tras ingerir el que suponemos repugnante preparado de Nostradamus, Catalina empezó a parir de forma prodigiosa hasta alcanzar la cifra de diez hijos.
Nostradamus atendía a sus clientes durante el día y permanecía durante la noche encerrado en un observatorio que había hecho instalar en la parte alta de su casa. Todos lo consideraban un maravilloso hechicero y un habilísimo médico, lo que para las gentes era lo mismo, pero muy pocos conocían su relación con los astros.

En aquellos días abundaban los pronosticadores y Nostradamus no quería ser uno más, sino el mejor. El magistrado Chavigny nos cuenta cómo “él preveía las grandes revoluciones y cambios que habían de ocurrir en Europa y aun las guerras civiles y sangrientas y las perniciosas perturbaciones que iban a asolar el mundo, y lleno de entusiasmo y como arrebatado por un furor enteramente nuevo, se puso a escribir sus Centurias y demás presagios”.

Aspectos de las profecías de Nostradamus

Las profecías de Nostradamus, están escritas en verso, con estilo poco claro y contenido enigmático, con las que intenta adivinar el destino de su país, hasta el año 3797, donde se produciría el Apocalipsis.

Su técnica adivinatoria se apoya en horas de meditación frente a un trípode con un recipiente con agua, sobre cuya superficie podía experimentar sus visiones.

A pesar de la ininteligibilidad de su obra, ésta alcanzó popularidad en forma inmediata, la que llegó hasta la propia corte. Por este motivo, Catalina de Médicis, lo invitó como astrólogo.

Su profecía sobre Enrique II, le valió gran aprecio entre los miembros de la corte.

En 1558, publicó la segunda edición de su obra, agregando 3 centurias, que aumentaron su reconocimiento.

En 1564, el rey Carlos IX, lo nombró su médico personal. Pero, debido a las envidias de sus colegas, debió enfrentar los rumores sobre su persona, que nunca dejaron de perseguirlo.

A pesar de las críticas, su obra nunca perdió vigencia, y ha sido traducida a numerosos idiomas.

Uno de los hijos de Nostradamus, llamado igual que él, y apodado “El Joven”, también publicó un “Tratado de astrología”, en 1563, donde profetizaba que el pueblo de Pouzin, sería víctima de las llamas.

Pero fue sorprendido mientras incendiaba dicho pueblo, y ajusticiado de inmediato, en el año 1574.

Otro de los hijos, fue el pintor Cesar, quien realizara el retrato de su padre, que se conserva en Avignon.

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