Sueños proféticos

sueño proféticoAlrededor de los sueños se han desarrollado innumerables creencias y cultos. Esto no debe sorprendernos, ya que actualmente ninguna teoría del sueño y de los sueños es aceptada universalmente. Soñar es necesario, tanto como comer o beber, y de hecho, todas las personas sueñan, lo que ocurre es que muchas veces esos sueños se olvidan al despertar. Cuando soñamos, nos relajamos tanto que surgen en el sueño nuestras emociones más recónditas. Algunas de ellas ni siquiera nos atreveríamos a plantearlas en nuestra vida normal por entenderlas fuera de lo normal, dentro del marco de lo esotérico. La naturaleza de los sueños ha desconcertado a la humanidad civilizada desde los primeros tiempos.

Las antiguas creencias acerca de los sueños se basaban en la idea de que predecían sucesos futuros, y se inventaron métodos complicados para su interpretación. Uno de los más antiguos manuscritos que se conservan, un papiro egipcio de 4.000 años de antigüedad, está dedicado al complejo arte de la interpretación de los sueños. John Dunne, soñó con gran realismo la caída de un tren por un terraplén cerca del puente Forth (Usa). Unos meses más tarde, un tren se precipitó allí. Un sueño del faraón Tutmés IV, hacia 1450 a.C., se consideró lo bastante importante como para ser grabado en una lápida que fue erigida frente a la Gran Esfinge de Gizeh. Cuenta cómo, cuando era todavía príncipe, Tutmés soñó durante la siesta que el dios Hormakhu le hablaba, diciéndole: “La arena del paraje en el que transcurre mi existencia me ha cubierto. Prométeme que tú harás lo que desea mi corazón; entonces sabré que tú eres mi hijo, que tú eres mi salvador…” Cuando fue faraón, Tutmés retiró la arena que cubría la Esfinge sagrada en honor de Hormakhu, y su reinado fue largo y fructífero, tal como el dios le había prometido en el sueño.

Los sueños proféticos, conocidos también como sueños premonitorios, son los sueños que aparentemente pronostican el futuro. Se sabe desde hace ya tiempo que a través del sueño las personas más sensibles pueden tener fenómenos esotéricos o de percepción extrasensorial, ya que al parecer se crean las condiciones más favorables para ello. Incluso algunos expertos como Freud o Jung distinguen entre sueños premonitorios (son visiones sobre aconteceres futuros) y sueños telepáticos en visiones nocturnas (imágenes de un pensamiento que ha captado nuestro cerebro).

Algunos expertos en el ámbito del esoterismo y los fenómenos paranormales piensan que los sueños telepáticos se producen cuando ciertas personas u objetos se pueden introducir en la conciencia durante el reposo del sueño. Por otra parte, las catástrofes, los accidentes y tragedias son los hechos más vistos en los sueños premonitorios, aunque muchas veces no se ven tal cual, sino representados por diferentes símbolos. Para ello más de una vez la persona que interpreta el sueño ha de usar su intuición. Estos sueños, también a menudo llamados pre-cognitivos, suelen ocurrir en la vida real al poco tiempo de haber sido soñados. Una teoría racional para explicar este fenómeno es que nuestra mente es capaz de organizar en el subconsciente, información, observaciones y datos, que normalmente descuidamos o que no consideramos seriamente. En otras palabras, nuestra mente inconsciente sabe qué viene antes que nosotros conscientemente organicemos la misma información.

No hay vaticinio de mayor peso que el anunciado por un sueño. El despertar de cualquier persona -ya sea crédula total o escéptica irremediable- quedará marcado por imágenes de gloria, muerte, felicidad o desesperanza si algún suceso onírico así lo determinó. No son los sueños habituales, sino los que la Psicología y la Parapsicología denominan anómalos. Por su enigmática naturaleza, ofrecen al soñante información acerca del futuro inmediato de otras personas, lo que sucede en algún lugar distante o lo que habrá de ocurrir. Si es cierto que cada sueño hay que interpretarlo de acuerdo con el soñador, como sostenía Jung, tras muchas discusiones se estableció que una imagen onírica premonitoria tiene puntos comunes al desentrañar su significado. Al menos en un altísimo porcentaje de los casos.

A diferencia de los sueños comunes, hay elementos determinados que tienen en los sueños premonitorios un significado concreto en más del 97 por ciento de los casos. Sin reconocerlo abiertamente, las investigaciones indican también que intervendrían en estos sueños los denominados fenómenos parapsicológicos. Cuando alguien duerme, recibe estímulos del cuerpo y del exterior. La suma de unos y otros induce a un estado de sensibilidad onírica que favorece la aparición inconsciente de sucesos extrasensoriales. El conocimiento cierto de un hecho futuro (precognición) intervendría entonces y, a la mañana siguiente o en días sucesivos, lo soñado efectivamente ocurriría.

Los sueños premonitorios tienen una gran carga de simbolismo, no se refieren a experiencias pasadas sino a un futuro posible. Se trata de mensajes que provienen del inconsciente y que por lo regular nos advierten de peligros o claves importantes para el desarrollo de nuestra personalidad La razón de la conexión entre los sueños y el futuro es sencillo. Aquellos nos hablan de los contenidos inconscientes, de las potencias ocultas, por donde encauzamos nuestras vidas ante el reto de posibilidades que el porvenir nos lanza. Y esa es la voluntad de nuestra existencia individual.
Dadas las características biológicas particulares de nuestra estructura biológica, de nuestra cultura y de las experiencias adquiridas, además de otras inclinaciones espirituales, nos encontramos con requerimientos, tendencias y deseos involuntarios que nos llevarían a tomar una serie de decisiones y a ejecutar los actos correspondientes.

Condiciones de una premonición

Estas son muy estrictas debido a la vaguedad que rodea al fenómeno y se las puede resumir de la siguiente forma: el sueño o el presentimiento, debe haber sido relatada, a uno o varios testigos dignos de fe antes de que el acontecimiento se produzca.
El intervalo entre el sueño y el suceso debe ser relativamente corto, ya que la posibilidad de una relación accidental aumenta con el tiempo.
El sueño debe parecer improbable al que lo sueña o venir de un ámbito que le es extraño. Debe referirse a un hecho preciso y no revestir una forma vaga que permita una interpretación simbólicamente ambigua, que podría aplicarse a acontecimientos muy distintos (como sucede con las Profecías de Nostradamus, por ejemplo). En algunos casos de sueños premonitorios las escenas aparecen fragmentadas como en un rompecabezas dificultando la interpretación.
Aunque, personas que han tenido sueños precognitivos desde la niñez coinciden en señalar que en el sueño psíquico las escenas son muy reales, como documentales, y el soñador siempre está ausente del mismo. Normalmente las personas que tienen este tipo de experiencias saben discernirlas del sueño normal por su intensidad y el grado de impacto que reciben. También puede darse la circunstancia de que el mismo sueño sea compartido por más de una persona, como parece suceder en algunos accidentes y catástrofes. Un ejemplo de precognición onírica compartida fue el accidente de aviación del boxeador Rocky Marciano, campeón del mundo de los pesos pesados. Su muerte, aseguran, fue soñada antes por varias personas.

Finalmente, los detalles deben concordar, al menos en los rasgos esenciales, con aquellos realmente ocurridos en el sueño premonitorio o en la mente de la persona que evidenció un hecho que su propia mente no lo puede creer.
Las premoniciones más o menos comprobadas se cuentan por miles. La mayoría se refiere a anécdotas personales, pero algunas se relacionan con sucesos mundialmente conocidos y han sido reveladas con anticipación, antes de que el suceso ocurriera. Existe una clase de sueños que trascienden nuestros conceptos de espacio y tiempo –captando recuerdos del pasado y del futuro o información de acontecimientos simultáneos al propio sueño- y a los que la Ciencia no ha sabido encontrar una explicación. Prueba de ello son todas las experiencias de precognición que a través del tiempo los hombres han ido recogiendo fielmente hasta nuestros días.

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