Qué es el Zen

 zenmeditacionUna forma de vida.

La palabra japonesa zen significa meditación y hace referencia a una escuela de budismo de Japón que privilegia la práctica de la meditación sentada. Pero en la práctica Zen es uno de los tantos caminos que existen para encontrar la verdad y poder comprender que somos parte de un todo, del universo.

La práctica de la meditación Zen permite que el ser individual se conecte conscientemente con la Fuente Primigenia de su vida. Esta conexión tiene el poder de reducir o hacer desaparecer el miedo a la muerte y al cambio, o dicho de otra manera, reduce el apego a la forma individual y al concepto de yo.
 
El Zen tiene sus orígenes en India y se remonta a la experiencia de Buda Shakyamuni, quien, hace dos mil quinientos años, realizó el despertar en la postura de zazen en el siglo VI DC. Esa experiencia se transmitió sin interrupción de maestro a discípulo, formando así la línea zen. La palabra Zen es la lectura en japonés del carácter chino chan, que a su vez es una transcripción del término sánscrito dhyāna, traducido normalmente como «meditación».
 
Así, Zen es una mezcla única de filosofías e idiosincrasias de tres culturas diferentes. Es una forma de vida típicamente japonesa, y aún así refleja el misticismo de la India, el amor de la naturalidad y espontaneidad del Taoísmo y el pragmatismo profundo de la mente confucianista.
 
Esta práctica contiene la esencia de su enseñanza, cuyo mensaje tiene una dimensión universal. Es una de las escuelas del budismo más conocidas y apreciadas en Occidente. Su aspecto cultural y folclórico se conoce en Occidente desde el principio del siglo XX, a través de diferentes prácticas como los artes marciales, la ceremonia de té, el arte floral o los famosos jardines japoneses etc.
 
Con el popular nombre japonés Zen suele aludirse en realidad a un abanico muy amplio de escuelas y prácticas de este tipo de budismo en toda Asia.
 
Las principales escuelas del budismo Zen propiamente japonés son Rinzai, Sōtō y Obaku. Se distinguen por su especialización en distintas técnicas de meditación como el kōan o el zazen.
MeditacionZen
Todas las escuelas del zen tienen su origen en los patriarcas del Chan, que a su vez están ligados a las enseñanzas de los antiguos maestros budistas de India, como Gautama, Kasyapa, Ananda y Nāgārjuna. Los relatos de estos patriarcas son un referente constantemente utilizado en el estudio y la práctica en todas las escuelas.
 
El Zen no se basa en ningún dogma ni en ninguna ideología. Aunque la práctica Zen incluye el estudio de los sūtras y otros textos, el carácter directo e intuitivo de este tipo de tradición budista los sitúa en un segundo plano, ya que no los considera capaces de provocar por sí solos el despertar. En cambio, se anima al discípulo a mantener su atención en el momento presente, confiando en la sabiduría innata de todo ser humano para realizar todo su potencial.
 
El Zen está siempre presente si se le quiere encontrar, en cualquier actividad, desde la más complicada hasta la más sutil.. Es muy importante entender que aunque el Zen se haya desarrollado en el seno de una de las más antiguas tradiciones de la humanidad como es el budismo, no se trata ni de una religión ni de una filosofía. El verdadero sentido del Zen transciende ambas cosas aunque tiene que ver con ellas.
 
Es experiencia viva, pertenece a la naturaleza del hombre, su esencia es anterior a cualquier forma. Su mensaje es universal y por tanto está más allá de ideologías, sistemas o puntos de vista. El Zen consiste esencialmente en la práctica de zazen.
 
El zazen no sólo desprende gran energía, sino que es también posición auroral. Su práctica no nos fuerza a obtener algo. Su fin es únicamente concentración en la posición, modo de respirar y actitud del espíritu.
Para realizar correctamente el zazen hay que proceder de la manera siguiente:
 
Hay que sentarse en el centro del cojín redondo necesario para esta práctica, llamado zafu, se cruzan las piernas en la posición de loto o medio loto. Si no es posible se cruzan simplemente cuidando de no poner un pie sobre el muslo. No obstante, conviene apoyarse firmemente en el suelo con las rodillas.
 
En la posición de loto los pies oprimen en cada muslo zonas que comprenden los principales puntos de acupuntura correspondientes a los meridianos del hígado, la vesícula y el riñón.
zen
Debe dejarse la pelvis caída hacia adelante, al nivel de la quinta vértebra lumbar columna vertebral arqueada y espalda recta. Se toca la tierra con las rodillas y el cielo con la cabeza. Mentón hundido, nuca erguida, vientre distendido, nariz en línea vertical con el ombligo.
 
Una vez en posición se colocan los puños cerrados (apretando el pulgar) sobre los muslos, cerca de las rodillas, y se balancea la espalda muy recta a derecha e izquierda siete u ocho veces reduciendo lentamente el movimiento hasta encontrar la vertical de equilibrio.
 
Se hace el saludo o gassho, es decir, se juntan las manos delante de uno, palma con palma, a la altura de los hombros; los brazos, doblados, permanecen horizontales. No queda más que poner la mano izquierda sobre la derecha con las palmas mirando al cielo y contra el abdomen.
 
Los pulgares en contacto por su extremidad, horizontales por una ligera tensión, no dibujan hondonada o pico. Los hombros caen naturalmente retirados hacia atrás. La punta de la lengua roza el velo del paladar. La mirada se posa en un punto distante, los ojos semicerrados no miran nada pero la mirada está volcada hacia el interior.
 
La respiración adecuada brota de una posición correcta. Tiende ante todo a establecer un ritmo lento, poderoso y natural. Si nos concentramos en una espiración suave, larga y profunda, la inspiración viene de forma natural. El aire se retira paulatina y silenciosamente, mientras que el empuje debido a la espiración desciende con fuerza en el vientre.
 
La actitud del espíritu fluye naturalmente de una profunda concentración en la posición física y en la respiración.
 
Sentados en za-zen dejamos correr las imágenes y pensamientos que atraviesan el inconsciente como nubes por un cielo límpido. Sin oponernos, sin agarrarnos a ellas, como sombras delante de un espejo las emanaciones del subconsciente pasan, tornan y se desvanecen. Y se llega al inconsciente profundo, sin pensamiento, más allá de todo pensar (hishiryo), pureza verdadera. Zen es muy simple y muy difícil de comprender. Es un problema de esfuerzo y repetición, como la vida.
 
El ejercicio correcto del zazen nos hace vivir largamente, apaciblemente, con intensidad. Neutralizamos los shocks nerviosos, dominamos los instintos y las pasiones, controlamos la actividad mental. La circulación cerebral mejora notablemente. El córtex descansa y el flujo consciente de pensamientos cesa.
 
La sangre afluye a las capas profundas que, mejor irrigadas, se despiertan de un semisueño; su actividad produce una sensación de bienestar, serenidad y paz parecida al sueño profundo pero en pleno despertar.
 
Plenamente receptivos y atentos, pensamos con cada una de las células de nuestro cuerpo. Inconscientemente, toda dualidad, toda contradicción desaparecen.
 
Sentados, sin ningún tipo de ocupación, sin fin ni espíritu de provecho. Si la posición-respiración y actitud de vuestro espíritu están en armonía, comprenderéis el verdadero Zen, captaréis la naturaleza de Buda.

   

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